
Una vez de chico me mordió un perro. me dejó un pequeño agujero en el tobillo izquierdo, toda una histeria generalizada, al hospital, antitetánica, y al final no me pasó nada.
Ahora bien, después de ese suceso, un anciano amigo que vivía abajo de mi casa me agarró de las mechas y me dio la siguiente lección: "Nene no seas pelotudo, si le tenés miedo a los perros soltás alguna glándula sudorípara o no se bien cómo se llama, y te huelen, es así, los perros te huelen el miedo. Lo que tenés que hacer vos es no tenerles miedo y ya". Muy facil decirlo, al principio obviamente les tenía el doble o el triple de miedo, temía principalmente por mis tobillitos, después tomé la firme desición de no temerles mas, ¡y resultó! Ladran y ladran y no muerden.
Uno de los que mas me ladró en mi vida fue es y será el perro de la esquina de mi casa, es el dogo mas molesto de la tierra, me odia por alguna razón que creo es injusta y/o ridícula, nunca le hice nada malo, jamás insinué siquiera un juira peyo para con su persona, me ha tomado de punto por el solo hecho de tener que pisar sus baldozas, baldozas que todas las noches me veo en la obligación de cruzar, en mi vuelta del trabajo a las casas.
Otra cosa, en frente de mi casa hay un telo, gigante, y malísimo por cierto. Salvo que pagues mucho, las habitaciones tienen una lona abajo de las sábanas, un asco, y lo chistoso es que paso todas las noches por en frente y solamente dos veces escuché que esten cogiendo. Una el año pasado, y la otra hace unas horas. "Mirá que lindo, con lo bien que me va a hacer para dormir" pienso. Gemidos fantásticos y golpes o palmadas en imaginarios traseros encienden mi imaginación furtiva mientras camino con paso firme pero atentísimo a los sonidos. Mi libido, que da la puta casualidad, me está jugando muy muchas malas pasadas en estos momentos, se elevaba a niveles espasmódicos, cuando... ¿Quien puede llegar a alegrarme mas la noche?
Y sí boludo/a, el perro...
Dos factores importantes, a saber, el perro, y los sonidos sexuales, me llegaron de pronto, y visto y considerando que el que mas a mano estaba era el perro, me di vuelta y le grite.
-¡Perro hijo de mil puta! ¡Todas las noches lo mismo! ¡Dejá de ladrar y mordeme! ¡Dale la concha de tu madre mordeme!Me le avanzo y mas me ladra, pero mas se hace para atrás, el muy marica. Entonces lo miro fijo, me mira fijo, y me doy vuelta y camino firme, cuando doy el primer paso me doy cuenta que la pareja dejó de coger para escuchar lo que pasaba, y en la vereda de enfrente empiezo a ver luces prendiéndose. Apuro el tranco, me meto en el gueto, entro a mi casa, prendo la computadora, me siento, y me empiezo a reir, solo, mucho mucho, y decido que tengo que escribirlo, y empiezo:
"Una vez de chico me mordió un perro..."